Los últimos años han sido propicios para el balance, la recuperación y el estudio sobre lo que verdaderamente supuso la Guerra Civil. Hemos llegado a un punto en el que, incluso, se han investigado aspectos específicos y muy detallados del conflicto. Uno de ellos es la actividad cinematográfica durante el mismo donde, por el momento, la aportación más relevante se ha hecho desde una perspectiva documental: censar y catalogar toda la producción inscribiéndola en sus coordenadas históricas1. Pero, tras este paso decisivo, queda una tarea esencial: abordar cada obra analizando sus contenidos y sus mecanismos de sentido en relación con los medios de comunicación (prensa, radio, fotografía, cartel_), las estrategias de los partidos y sindicatos y las campañas de los aparatos de Estado de uno y otro bando. Y entenderla además como espacio fértil sobre el que se acuñaron los mitos y símbolos que el curso de la guerra va generando. El reto es complejo, pues parte de esos mitos cristalizan para formar parte del imaginario vigente de la Guerra Civil2. Sólo entonces podremos determinar el papel que jugó como instrumento de movilización social y de adoctrinamiento.

Aquí intentaremos desvelar cómo se elabora un tema esencial de la contienda desde los servicios de propaganda del llamado bando nacional: la ocupación de ciudades. Sin duda, este fue uno de los principales ámbitos del combate propagandístico en ambos bandos. La dialéctica ocupación/defensa estuvo en el centro de numerosas campañas que alimentaron publicaciones, carteles y películas. Si en un caso se fabulaba con la inminencia de la victoria, en el otro se trataba de crear un clima de resistencia heroica ante la población. El escenario privilegiado de estas campañas no fue otro que Madrid, el corazón de la España republicana y, al tiempo, la pieza más adorada de la reconquista nacional. Frente estable durante casi toda la guerra, ambos bandos se esforzaron por ganar la batalla psicológica de su dominio. Así, mientras en el lado republicano Madrid se convierte en el símbolo de la lucha (plasmada en el memorable lema No pasarán), de la resistencia civil (frente a los frecuentes bombardeos y ataques de un ejército regular) y de la solidaridad internacional; para el nacional la ciudad (punta de lanza de las tropas de Franco y cercada heroicamente) ha sido secuestrada, pervertida y desposeída de sus esencias tradicionales. Precisamente, concentraremos el estudio en esta elaboración, previa a la ocupación definitiva, a través del aparato oficial de propaganda que asume la Falange (ya unificada) en febrero de 1938. Para ello nos detendremos en dos ámbitos destacados de la propaganda y en sus interinfluencias, presentados a través de formatos propios de los medios de comunicación: los noticiarios y documentales cinematográficos y las revistas gráficas.

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